La Bolivia Post-pandemia

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  Ronald MacLean Abaroa*

El Coronavirus ha golpeado al mundo con la fuerza de una guerra mundial, la pérdida de vidas humanas, la destrucción económica global y el cambio absoluto del modo de vida contemporáneo están transformando nuestra realidad como solamente una catástrofe de dicha magnitud podría haberlo hecho.

Peor aún, a diferencia de una guerra convencional donde mueren los combatientes y las muertes civiles son un daño colateral, esta contienda virulenta se asemeja más al ataque de una bomba atómica, donde la radiación mata indiscriminadamente a la población civil, sin distinción de clase, raza, edad o género.

Este efecto indiscriminado ha puesto en evidencia una verdad universal: que la muerte nos iguala a todos. Nuestra sobrevivencia depende ahora de la recuperación colectiva de la salud, de absolutamente todos, para evitar el contagio, o el re-contagio. Ha puesto al desnudo la evidencia de que debemos comportarnos como un y único género humano para sobrevivir.

Esta evidencia nos debe llevar a reevaluar nuestra conducta colectiva tanto en el mundo, como en nuestro país, Bolivia. Los nacionalismos, la xenofobia, el regionalismo y las diferencias ideológicas ya no resuelven ni explican cómo superar esta conflagración mundial de un virus contra la humanidad.

En el caso particular de Bolivia, 14 años de Movimiento al Socialismo (MAS) ha dejado un país en extremo vulnerable a esta pandemia y al retorno a la pobreza de millones de bolivianos. Esta crisis también ha puesto al descubierto al socialismo, cuyo supuesto objetivo es el de velar por los más pobres y necesitados, pero que en su paso abusivo por nuestro gobierno ha dejado más desprotegidos precisamente a los más pobres. Su negligente abandono de la salud pública, elemento esencial del capital humano individual y colectivo, en favor de palacios, museos, aviones y corruptas inversiones en proyectos suntuarios, se ha develado como un crimen de lesa humanidad que en su momento debería ser juzgado.

Sin embargo, mirando al futuro, esta tragedia colectiva doble de coronavirus y debacle económico puede, en realidad, marcar el inicio y la oportunidad para una reconstrucción social, económica y política distinta, en un proceso de “destrucción creativa”, que ataque las causas de injusticia y desigualdad, dejando morir o eliminando del todo aquellas instituciones, empresas o reparticiones públicas que nos atan al pasado y al subdesarrollo.  J.A Schumpeter, considerado uno de los economistas mas influyentes del siglo 20,   identificó esta “destrucción creativa” como inherente al progreso de la humanidad, donde la innovación provoca la obsolescencia de productos, costumbres, empresas o instituciones. 

En nuestro caso es la “innovacion” del Cov-19 que ya esta alterando profundamente el mundo, haciendo obsoletas mucho de nuestras estructuras sociales, económicas y políticas.

Consecuentemente, ahora tenemos el desafío de dotar a Bolivia de una nueva arquitectura social, en la que se eliminen los monopolios de privilegio que asfixian a nuestra economía y progreso social y que obstruyen el surgimiento de iniciativas frescas, modernas e innovadoras. Esa destrucción creativa podría permitir dar espacio, luz y oxígeno para liberar recursos y oportunidades que sean mejor empleados por las nuevas generaciones de emprendedores bolivianos.

Sin embargo, actualmente las propuestas para la reconstrucción de la economía nacional están centradas principalmente en retornar al pasado, a la “normalidad”. A esa “normalidad” a la que no deberíamos retornar. Esa “normalidad” fue el resultado del mayor retroceso y destrucción institucional de los 14 años del régimen masista.

Vivimos en un país donde el 80% de la fuerza laboral de Bolivia vive marginada del Estado, sectores informales, “cuentapropistas” sin acceso a un ingreso estable y digno. Ni qué decir del acceso a la salud, la educación y la seguridad social. El Estado boliviano funciona sólo para medio millón de ciudadanos que tributan y otro medio millón de empleados públicos que tramitan.

El efecto destructivo del coronavirus abre, sin embargo, esa oportunidad histórica de repensar nuestra economía y nuestra sociedad. Según Y.N. Harari, reconocido historiador y filosofo israelita, la pandemia tendrá el efecto de “acelerar la historia” arrasando instituciones que, como viejos arboles de raíces profundas, históricamente no podíamos remover a pesar de las larvas y hongos que precedían a su putrefacción.

Esas estructuras obsoletas son producto de décadas de políticas erradas, estatistas, extractivitas y corruptas, que privilegian el consumo y castigan la formación de capital humano, y la preservación del medio ambiente, perfeccionadas y llevadas a su mayor expresión, paradójicamente por el gobierno “pro-socialista” del MAS.

Ese sistema facilitó que durante el gobierno del MAS y el manejo corrupto de 340 mil millones de dólares, se hayan desviado a sus cuentas privadas y políticas, por lo menos 10 mil millones de dólares, que pertenecen al pueblo de Bolivia. Esos son recursos en paraísos fiscales de la orbita socialista que Bolivia debe recuperar para ayudar a nuestra reconstrucción.

El coronavirus esta causando mucho daño, pero al intentar remediar sus efectos al corto plazo, tenemos que ser muy cuidadosos de no quebrar al Estado en pos de salvar empresas públicas o privadas antieconómicas y disfuncionales a la nueva realidad económica que surgirá en el mundo, y a la que Bolivia debe integrarse. Es importante que ahora mas que nunca, necesitaremos un Estado fuerte que garantice a la mayoría los servicios públicos esenciales de salud, educación y seguridad.

Esta es la oportunidad histórica de creativamente reinventar Bolivia y traerla a la modernidad, ante la destrucción irremediable del orden establecido.

*Ronald MacLean Abaroa fue Alcalde de La Paz y Ministro de Estado

12 Commentarios

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