La guerra por la (in)dependencia

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La imagen del nuevo presidente peruano escoltado por Evo Morales y el joven rey Felipe VI en la transmisión presidencial, que coincide con el aniversario peruano de la independencia de España, me ha provocado un sentimiento de lástima por nuestro continente hispanoamericano.

Me ha trasladado a 1992, cuando celebrábamos el “Encuentro de dos mundos”, el de las culturas indígena originaria e hispana occidental. Ese año yo tuve la enorme fortuna, privilegio y honra de representar a Bolivia como su canciller, acompañando al presidente Jaime Paz Zamora, en los festejos del Quinto Centenario.

Simultáneamente se celebraban las olimpiadas en Barcelona y la muy arropada y elegante Feria de Sevilla. Nuestro embajador boliviano ante la Corte de Madrid era nada menos que el historiador y académico Fernando Cajías de la Vega.

Mientras que ciertos círculos en Hispanoamérica lamentaban ese encuentro y lo llamaban “encontronazo” y otros se condolían por no haber sido colonizados por la Europa sajona, hoy, a la distancia de los años, no puedo menos que sentir nostalgia por la Hispanoamérica que se nos está yendo de las manos en pos de una guerra por la dependencia autoritaria de la decrépita ex Unión Soviética, la China poscapitalista y la Cuba miserable que inspiran esta involución incivilizadora.

Siento, además, pena por una España arrastrada también por la corriente populista, vulgar y chabacana de los Pablos Iglesias y de los Sánchez, que son la culminación trágica de un partido socialista obrero arrastrado a su peor expresión desde los tiempos ufanos de Felipe Gonzáles y del rey Don Juan Carlos, frescos de haber recobrado la democracia.

Mientras tanto, me toca vivir una nueva conquista: la de Estados Unidos por parte de los latinoamericanos. Una conquista pacífica, dura y sacrificada por los cientos, miles y millones de latinos que, huyendo del despotismo caribeño, primero, y de la miseria y violencia después, están transformando a este país, a base de esfuerzo, educación y mérito, y dando pasos para alcanzar un progreso material y cultural, que se les niega en nuestra América del Sur.

Estados Unidos es hoy un mejor país por la contribución e influencia latinoamericana. Les hemos traído sabor de vida, canto y baile, calor humano y trabajo duro y honesto, sin remilgos; invirtiendo en el futuro de nuestros hijos. Futuro, tristemente, que no podemos asegurarles en nuestra bella tierra, por el que tenemos que pagar con el exilio obligado o voluntario de nuestra primera generación inmigrante.

Lo cual me devuelve a la toma de mando en Perú, la que sólo puede inspirar lástima al ver a nuestra más triste representación política convertirse en la inspiración del nuevo régimen peruano, con un presidente en suma improvisado, producto de un accidente histórico, que no representó más del 15% del electorado, vistiendo una casaca prestada por Evo Morales sin el tino ni tiempo de cambiarle los colores de la bandera boliviana de su bordado altiplánico.

Ver también a un jefe de Estado español, expuesto innecesariamente por su protocolo y puesto a la par del impostor arrimado a la foto, sin la posibilidad diplomática de excluirse de ese espectáculo grotesco que celebra la involución política y cultural de todo lo bueno que heredamos de España y occidente, y que celebra el arribo al Perú del “régimen de la turba” y su entrega a su nueva y vil dependencia. A la dependencia política de la corrupción autoritaria y del “socialismo” de este siglo y promovida por el narcotráfico y su necesidad de blindarse mediante regímenes hostiles a occidente que los mantengan protegidos de la DEA y sean tolerantes con el crimen organizado.

Y todo ello a nombre de “los pobres”, condición a la que nos quieren someter a la mayoría, como ya ha sucedido en Cuba, Venezuela, Nicaragua y a ese camino por el que van también Argentina y México. Condición de pobreza y violencia que trágicamente no han podido resolver los regímenes tradicionales guiados en su mayoría por la utopía socialista y su rechazo a entrar de lleno a un sistema abierto de libertad económica.

Me temo pues que estos años, 2021 para Perú y 2025 para Bolivia, no tengamos nada que celebrar parecido a la independencia. Sino, por el contrario, mucho que lamentar por el avance de esta guerra por la “dependencia”.

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ronadmin

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